En el género de las máximas se confunden perfección y asfixia, Emil Cioran

Calle del Orco

La admiración supersticiosa de la vitalidad y el rendimiento, en literatura sobre todo, no le [Mircea Eliade] ha abandonado nunca. Quizá vaya demasiado lejos al suponer –aunque muchas razones me lo permiten– que en su subconsciente coloca los libros por encima de los dioses. Más que a éstos, es a aquellos a los que profesa un culto. En todo caso, jamás he conocido a nadie que los ame tanto como él. Nunca olvidaré la fiebre con la que, de regreso en París tras la Liberación, los tocaba, los acariciaba, los hojeaba; en las librerías exultaba, oficiaba; se trataba de una especie de hechizo, de idolatría. Tanto entusiasmo supone un gran fondo de generosidad, sin el cual no puede apreciarse la profusión, la exuberancia, la prodigalidad, todas esas cualidades gracias a las cuales el espíritu imita a la naturaleza y la supera. Yo nunca he podido leer a Balzac; en realidad…

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La poesía es inconsumible en lo más profundo, Pier Paolo Pasolini

Teatro, poesía, desierto: una reflexión pendiente…

Calle del Orco

Así que vuelvo al ambiente en el que vivo, que es un ambiente que se está acercando a pasos agigantados a la situación general del capitalismo norteamericano. Es cierto, Italia, en los últimos seis o siete años, ha dado pasos gigantescos, más importantes que en sus cien años anteriores, precisamente hacia el neocapitalismo, la industrialización etc., etc. Precisamente esto ha originado mi crisis personal, lo que me ha llevado a pasar de un periodo gramsciano mítico-épico a un periodo digamos que problemático, un periodo que implica -parece extraño- una postura más aristocrática y un trabajo más elitista, más complejo. Ahora bien, tal vez dependa de las circunstancias: en un mundo donde siento que mis destinatarios han cambiado idealmente, en un mundo donde el pueblo, la clase obrera y los intelectuales avanzados ya no constituyen ese público al que me dirijo idealmente, sino que es un mundo mucho más complicado, con…

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Breve elegía al atardecer

No quiero reclamarte, muerte necia,
por arrancarle vidas a mi vida
sin consultar siquiera mi dolencia.

Mas quiero que me expliques en silencio,
musitando, tranquila, a mis oídos,
la sinrazón, razón de tu frecuencia.

Anhelo tu mortal comparecencia
no para alzar mis armas ante el duelo,
sí para atar mi llanto al desconsuelo

de saber de tu sombra nunca ausente,
de entender de tu acecho como un hecho,
de sentirte aspirada aquí en mi pecho.

Devolveré, sin odio, a tu secreto
mil y un sueños envueltos en luz viva
mientras inhale el aire fiel, discreto;

mientras mis manos tañan a la lira,
mientras mis pies le dancen al encanto,
mientras tu manto no acalle mi canto.

-0-

“Pensando en quienes, siendo parte de mi vida,
se han ido sin siquiera haber vivido
el otoño de sus vidas.”

Alfredo Flores Niño
Noviembre, 2, 2016.
Villa de las Flores, Coacalco.

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Elegía al atardecer

Pensando en quienes, siendo parte de mi vida,
se han ido sin siquiera haber vivido
el otoño de sus vidas.

No quiero reclamarte, Muerte necia,
por arrancarle vidas a mi vida
sin consultar siquiera mi dolencia.

Mas quiero que me expliques en silencio,
musitando, tranquila, a mis oídos,
la sinrazón, razón de tu frecuencia.

Anhelo tu mortal comparecencia
no para alzar mis armas ante el duelo,
sí para atar mi llanto al desconsuelo

de saber de tu sombra nunca ausente,
de entender de tu acecho como un hecho,
de sentirte aspirada aquí en mi pecho.

Devolveré, sin odio, a tu secreto
mil y un sueños envueltos en luz viva
mientras inhale el aire fiel, discreto,

mientras mis manos tañan a la lira,
mientras mis pies le dancen al encanto,
mientras tu manto no acalle mi canto.

Alfredo Flores Niño
Noviembre, 2, 2016.
Villa de las Flores, Coacalco.

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¡Alto a la destrucción de nuestro Patrimonio Artístico!

Palacio de Bellas Artes, días grises...

¡ENTENDÁMONOS!

El Palacio de Bellas Artes, antes que nada, es un Monumento Artístico-Histórico-Arquitectónico; y en consecuencia, es Patrimonio Cultural de la Nación; por lo tanto, cualquier cuestión relacionada con sus características tangibles e intangibles, debe fundamentarse en tales criterios.

Si las consideraciones para exigir que se le restituyan sus cualidades originales –ideales– (y que, asimismo, los responsables paguen por los daños irreversibles de su supuesto remozamiento), se van a fundamentar sólo en factores relacionados con la seguridad para su actual uso, entonces estamos dejando del lado lo esencial… Y que quede claro: la importancia de la seguridad es una obviedad. Sin embargo, el Palacio, como Monumento Nacional, es más que eso, y sus necesidades y problemas no deben limitarse a cuestiones meramente utilitarias…

No obstante (y ya en plan irónico), si el factor seguridad para su uso actual (que no necesariamente para su mantenimiento y preservación históricas) es el argumento esencial, pues vamos “remozando”, por ejemplo, las escalinatas de Las Pirámides de Teotihuacan, haciendo menos empinada su inclinación, para que los visitantes puedan transitar con mucho menor riesgo… Vayamos “actualizando y modificando”, también, la estructura de la Catedral Metropolitana, pues en su proceso de hundimiento –al igual que El Palacio de Bellas Artes, El Palacio Nacional y muchos otros Edificios-Monumento–, se están desarticulando, luego entonces, representan un potencial peligro… La columna de El Ángel de la Independencia, hay que “desmontarla” o “reforzarla” añadiéndole “columnas de soporte”; pues aparte de que también se está hundiendo, pudiera ser que durante un terremoto (recuérdese que estamos en una zona de alta sismicidad) caiga y provoque daños todavía mayores. El Monumento a la Revolución fue sólo el fundamento de una obra que quedó inconclusa en su tiempo: pues terminémosla o destruyámosla, pues “no cumplió” su “original cometido”…

Y ya instalados en criterios exclusivamente pragmático-utilitaristas, “pues vamos promoviendo el abandono progresivo y el total remozamiento de las zonas de la Ciudad de México que se hallan en las antiguas áreas lacustres, pues son evidentes los problemas que ya están experimentando, y el consiguiente riesgo que representan…”

Ya dejando del lado la ironía, se argumentará que el Palacio de Bellas Artes es un monumento en pleno servicio, y que, por lo tanto, debe adecuarse a las necesidades del usuario… Cierto sólo en parte, pues siendo, ante todo, un Monumento Nacional, somos los usuarios quienes debemos adaptarnos a las necesidades de preservación histórico-artística del edificio, que, ante todo, es (o era) fiel y emblemática representación de una visión estética en plena madurez; y en cuyo diseño y construcción intervinieron los más altos estándares de arquitectura e ingeniería de su época (cualidades que ya quisieran, en su mínima expresión, muchas edificaciones más reciente y “modernas”); y como mínimo pero más significativo ejemplo de ello, mencionemos lo que fue su inigualable acústica natural, ahora irremediablemente perdida… Y dicha pérdida bastaría para hacerles pagar muy caro a los i-responsables…

Consideremos, sobre el mismo orden de ideas, que el ex-Monumento a la Revolución dejó de serlo al ser absurdamente alterado con ese dichoso elevador al centro, cuando, precisamente, era la espacialidad su característica esencial… (¿entenderán de esto nuestros analfabetos-funcionales tecnócratas gobernantes?) Me pregunto, ¿acaso el sr. Marcelo Ebrard & Co., no habrán llevado algún mínimo cursillo (ya no digamos estudios formales) de Estética e Historia de la Cultura, por no hablar ya de Filosofía del Arte y de la Cultura? Pero, bueno, toda proporción guardada, no se compara con el terrible daño que le han inflingido al Palacio de Bellas Artes. Con este, sí que se “volaron la barda” las gentes “a cargo” del gobierno federal… Y como prueba de ello basta con recordar el tono de “orgullo” con el que el presidente felipe calderón (así, con minúsculas) nos relataba todas las “virtudes tecnológicas” del “nuevo” Palacio… ¡Ridículo y sobradamente ignorante por decir lo menos!

¿Cuál es la postura y qué acciones tomará al respecto de tales ultrajes, por ejemplo, el Consejo de la Crónica de la Ciudad de México A. C. Asimismo, aquellas instituciones de reconocida autoridad moral y académica como la UNAM, la UAM, y demás organizaciones de clara orientación humanista, nacionales e internacionales -amén de las acciones que ya han iniciado otras organizaciones igualmente respetables-?

Por lo pronto, y sin dar por concluido el panteamiento del problema, diríamos, a modo de comentario al margen, que todo lo acontecido es clara muestra de que ciertos modelos educativos, tendientes a generar estructuras sociales tecnocráticas, están aniquilando el humanismo que ha caracterizado la tradición pedagógico-cultural de nuestra contradictoria patria; y para muestra de ello están, precisamente, las bárbaras re-acciones de que fueron, y están siendo víctimas, muchos de los monumentos, patrimonio artístico, de nuestro país…

¡Mucho hay por hacer al respecto!

Coacalco, Estado de México.

16 de enero del 2011.

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Twitter, o de frustraciones y homicidios

Decepcionante, por no decir frustrante, ha venido siendo la experiencia de entrar a tuiter y leer la reiterada petición: “que se muera”, “que le den un balazo”, “que se lo lleve la fregada a él y a toda su jodida familia”, y demás expresiones por el estilo… Y aquí no pretendo “moralizar” ni mucho menos censurar, pero sí hacer notar que para mí, como para algunos otros, el hecho no ha pasado desapercibido; que sentimos que tales expresiones son la clara señal de que algo no está bien, de que algo está en decadencia, por no decir que ya está en claro estado de descomposición…

Y aquí es precisamente donde entro en materia –porque una buena parte de los tuiteros mexicanos (como yo) caería, como siempre, en los lugares comunes: “la culpa es del espurio”, “el causante de nuestras desgracias es Felipe Calderón”, “deberían de matarlo” y demás frases hechas–.

Una pregunta me hago al respecto: ¿realmente querrán –quienes lo gritan por tuiter–, que alguien decida darle un balazo? Y digo “alguien” y “decida” porque lanzar injurias, anatemas, amenazas y, sobre todo, “soluciones” vía tuiter, es muy fácil. Lo difícil, como en muchos casos, es entrar en acción, y más difícil aún, asumir las responsabilidades de nuestros actos. Y es en esto donde yo percibo lo decadente y podrido de la situación: en el hecho de hablar por hablar, haciendo “nuestras” las expresiones de otros, quienes, a su vez, las tomaron de otros y otros… Es decir, que nadie en tales casos –o muy pocos– habla a título personal y, sin embargo, cree hacerlo así… Y cuando digo que “a título personal”, me refiero al hecho de sustentar nuestras palabras con nuestras acciones; a ser coherentes en nuestro decir y obrar… Si tal congruencia no existe; si sólo somos cual muro donde se refleja el sonido, reproduciéndose en eco infinito, muro tras muro, ruido tras ruido, uno tras otro, entonces ya no habrá nada qué decir… En semejante situación ya podríamos asegurar que la oligarquía caciquil-feudal, salvaje-capitalista en todos sus géneros, a logrado su cometido: convertirnos en marionetas dispuestas a emular y a consumir; moviéndonos al estira y afloja de las cuerdas que maneja hábilmente el titiritero…

De ninguna manera pretendo erigirme como defensor de las oligarquías ni mucho menos. Más bien lo que pretendo es que seamos congruentes; que observemos con cuidado; que analicemos con detalle; que propongamos con inteligencia y que actuemos eficazmente y, ante todo, con honorabilidad. ¿Será mucho pedir? Y de ser posible, ¿por dónde comenzar y cómo?

“El buen juez por su casa empieza”. Sentencia antiquísima, pero que no deja lugar a dudas… Mahatma Gandhi decía en 1920: “La religión cristiana (la jerarquía católica romana) entraña un atentado al santuario de la personalidad, y siempre corre el riesgo de transformarse en un imperialismo religioso.” Parafraseando dicha expresión (independientemente de la verdad que encierra en sí misma), diríase: “Las nociones públicas de derecho, justicia, democracia y libertad entrañan un atentado contra la reflexión y ética personales, y siempre corren el riesgo de transformarse en imperialismos ideológicos.” Así pues, a la pregunta ¿por dónde empezar y cómo?, el buen juez respondería “Por nuestra propia conciencia mediante la reflexión autocrítica éticamente inteligente” ¿Y después? “Por la conciencia moral de grupo; por la corresponsabilidad comprometida y edificante –y también creativa, si no es mucho pedir–.”

– o –

Es notable la atmósfera de libertad que flota sobre tuiter. De hecho es hasta emocionante y esperanzadora; pero cuando el ambiente es contaminado por la irreflexión, la injuria, la discriminación declarada o insinuada, y peor aún, por imbéciles invitaciones al homicidio –sea de quien sea, y venga de donde venga–, entonces es cuando uno se pregunta ¿de qué sirve todo esto? Y más aún, ¿a dónde nos llevará todo esto?

Por si alguna duda quedara en cuanto a mi postura, concluyo:

No al homicidio, ni como ocurrencia, ni como figura retórica, ni como broma o chiste, ni como “no’ más por decir”… Bastante tenemos –¿es necesario decirlo?– con nuestra concreta y peligrosa realidad.

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A Marisela Escobedo, in memóriam

Estamos llegando al punto de habituarnos a la idea de morir…

Dicho así parecería una obviedad, sin embargo, no me refiero a esa muerte apacible y reconfortante que, llegada a su debido tiempo, nos concede, generosa, un último suspiro colmado de satisfacción ante el epílogo de una vida plena. ¡No! Me refiero, con la pena, a esa muerte que nos acecha a cada paso aquí, allá, ahora… Esa muerte que nos habría de llagar –lo sabemos– no por sencillo sendero para encontrase con nosotros en el natural y satisfactorio final de nuestro viaje, sino que habría de sobrevenir, para infortunio, de la voluntad necrófila de seres decadentes, ya en extremo curtidos por la impiedad y la inconsciencia…

 Seres decididos a arrasar con todo pretendido obstáculo, ya no de sus turbias obsesiones materiales, sino, peor aún, de su creciente sed de muerte y destrucción por sí mismas, en una atmósfera de corrupción, hartazgo y paranoica ansiedad. Inconscientes, ellos, de que la desesperanza y la desilusión son quienes impulsan la mano asesina. Actuando ya de tal manera que la fatal reacción es más veloz que la intención y, por desgracia, la abyecta indiferencia más fuerte que la contrición… 

Cierto, no habremos de morir en vano si, en este entorno tan oscuro, nos hemos comprometido a llevar y mantener encendida la vela de la dignidad, cuya luz, por su propia esencia, trasciende martirios, desesperanzas y crueldades. Y, por supuesto, no me refiero a la vela de la resignación que, cual cirio penitencial, símbolo de culpa, llevan las víctimas o pecadores, autoflagelándose, convencidos de haber nacido y sido infames mártires del destino; atados a la tristísima inconciencia de no haber levantado nunca la mirada y de no haberse atrevido jamás a arrostrar con valentía y coraje la adversidad y la desdicha. Renegando, irreflexivos ellos, de lo que nos hace humanos: la lucha ante la indiferencia, la fuerza ante la adversidad, el honor ante la injuria y la esperanza ante la desolación…

Un recuerdo pleno de orgullo, dignidad y determinación para ti, entrañable Marisela Escobedo, ejemplo de vida.

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